Por qué apestas (y por qué no es culpa tuya)
Hay dos formas de enterarte de que hueles mal.
La primera es que alguien te lo diga. Eso duele un momento y se acabó.
La segunda es que nadie te lo diga. Esa dura años.
Un colega del trabajo estuvo meses sin que nadie le dijera nada. Lo comentaban entre ellos, lo esquivaban en el ascensor, evitaban sentarse a su lado en las reuniones. Él sin enterarse. Feliz de la vida.
Un día se lo dijo su pareja. En casa. Con la puerta cerrada.
Lo primero que hizo fue ducharse dos veces seguidas. Lo segundo fue cambiar de desodorante. Lo tercero fue darse cuenta de que llevaba duchándose dos veces al día desde siempre y el problema no era ese.
El problema nunca fue la ducha.
El olor no va de higiene
Esto es lo que nadie te cuenta y todo el mundo debería saber.
El sudor no huele. Es agua, sales minerales, algo de grasa. Inodoro. Si cogieras sudor recién producido y lo olieras, no olerías nada raro.
El olor lo fabrican las bacterias que viven en tu piel. Se alimentan del sudor y en ese proceso producen ácido butírico y otros compuestos que sí tienen olor. A eso huele: a lo que fabrican las bacterias cuando procesan el sudor.
Ducharte elimina bacterias. Pero en cuanto te secas empiezan a volver. Es su casa. Siempre han vivido ahí y siempre vivirán ahí. No puedes eliminarlas del todo y tampoco querrías: muchas son necesarias para tu piel.
Lo que determina si hueles o no es qué tipo de bacterias tienes, cuántas hay y lo activas que están. Y eso depende de factores que no controlas del todo.
Por qué a unos más que a otros
Hay gente que entrena dos horas, suda como si hubiera estado bajo el agua y no huele apenas. Hay gente que sube dos pisos por la escalera y a los diez minutos la sala sabe que estuvieron ahí.
No es justicia. Es genética.
El tipo de bacterias que tienes en la piel viene en parte determinado por tus genes. Algunas personas tienen colonias más numerosas o más activas en las axilas. Producen más ácido butírico con menos sudor. No es su culpa. Es su microbioma.
La alimentación también manda. El ajo, la cebolla, el alcohol, la carne roja en exceso y el café intenso cambian la composición del sudor y por tanto el olor que producen las bacterias al procesarlo. No hace falta vivir a base de lechuga, pero conviene saber que lo que comes sale por los poros.
El estrés activa las glándulas apocrinas, que son las que producen el sudor más denso, el que más les gusta a las bacterias. Por eso en situaciones de nervios el olor es diferente y más intenso que cuando sudas entrenando.
Las hormonas también influyen. La adolescencia, el ciclo menstrual, el embarazo, la menopausia. El olor corporal cambia con las hormonas y hay etapas de la vida en que es más intenso sin que hayas cambiado ningún hábito.
Nada de esto es un problema de higiene. Es biología.
Los momentos en que todos apestamos
Y aquí viene la parte que nadie admite pero todos conocen.
El ascensor después del gym. Entras tú y los que ya estaban dentro miran el techo.
La reunión de verano con traje. Las dos de la tarde, el aire acondicionado roto, y tú intentando no levantar el brazo para señalar nada en la pantalla.
El abrazo al final del partido. El otro aguanta la respiración. Tú también aguantas la suya.
La camiseta técnica que llevas tres entrenos seguidos porque total, si solo vas a sudar. Hasta que abres la mochila en el vestuario y la sala entera lo sabe.
El coche en agosto con la ventanilla cerrada. Te pones la sudadera del asiento de atrás y en tres segundos te preguntas si eres tú o era así desde antes.
A todos nos ha pasado alguna de estas. A los que dicen que no, les ha pasado más.
Qué ayuda de verdad
La ducha bien hecha es el punto de partida. Jabón y algo de fricción en la zona de la axila. Un chorro de agua no elimina las bacterias, solo las moja.
Los tejidos naturales marcan diferencia. El algodón y el lino respiran, el sudor se evapora y las bacterias tienen menos donde instalarse. El poliéster retiene calor, humedad y bacterias. La camiseta técnica de poliéster es la que sigue oliendo después de cinco lavados.
La alimentación, como decíamos. No hace falta renunciar a nada, pero si tienes una cena importante al día siguiente igual no es el mejor momento para el alioli.
Y el desodorante. Pero no cualquiera. Uno que vaya a por las bacterias, no que ponga perfume encima y espere que dure. Porque si el problema son las bacterias, la solución está en las bacterias.
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El colega del trabajo, por cierto, lleva meses sin problemas. Su pareja se lo agradeció. Sus compañeros también, aunque no se lo dijeron.
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